Me parecía asombroso que a alguien se le hubiera ocurrido la idea de un mundo en miniatura similar al nuestro. Desde ese momento, y con toda nuestra inocencia intacta, mi hermano y yo nos dedicamos a explorar los jardines del vecindario en busca de liliputienses. O al menos, si no los encontrábamos, buscábamos un paraje ideal para ellos donde pudieran ubicar un nuevo asentamiento de su civilización.
Un hueco en las rocas los protegería de las alimañas. Un valle al lado de la fuente del parque hubiera sido un lugar muy fértil para sus cultivos. Entre las sombras de los parterres podrían haber vivido mil aventuras o, quién sabe, haber dado rienda suelta a sus pasiones.
Pero el tiempo (una vez más) pasaba, y nos dimos cuenta de que estos personajes no aparecerían nunca. Así que olvidamos la búsqueda de aquella civilización perdida y crecimos.
Afortunadamente, hay gente más tenaz que mi hermano y yo, y todavía guarda esperanzas de encontrar a los liliputienses.
Es el caso de Slinkachu, un artista inglés que construye escenas urbanas con figuras en miniatura (5 milímetros) pintadas a mano y que luego fotografía.
Dear son


Last kiss
(me enamoré de esta)

Sigue habiendo gente con sueños.
Muy tierno. Me gusta este sitio, volveré. Besos
ResponderEliminarQué bonito Natalia.
ResponderEliminarQuién no soñó de pequeño con seres diminutos. Yo me obsesionaba con tener cuidado por si los pisaba.
Una entrada muy bonita.
ResponderEliminarBesos.
Oye, que gracias por pasarte por mi blog. Lo mísmo te digo!!!!!!
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