domingo, 22 de marzo de 2009

Asesinos en directo

Hace unos días se agolpaban en el interior del Palacio de los deportes de Madrid miles de fans intentando hacerse con el mejor sitio para ver a sus ídolos.

The Killers actuaba en Madrid. Y digo actuaba, porque eso va más allá de cantar.

Sólo puedo añadir que si este concierto es la mitad de bueno que al que acudí hace unas semanas en Munich o del grandioso (me comentaron) que tuvo lugar en Barcelona, más de uno terminó con lágrimas en los ojos y pidiendo a gritos que vuelvan.

Quizá incluso alguno cometa una locura y se vaya a otro país para verlos de nuevo. Pero, ¿quén sería capaz?...

Nunca imaginé que un grupo mejorara tanto (tanto) en directo, dejando una sensación de desazón cuando acaban el espectáculo (en el sentido estricto de la palabra) y se marchan corriendo entre humo.

Me emocioné al verlos, y me emociono más al recordarlos.

Brandon Flowers pisando fuerte en el escenario con sus Dr. Martens.





Inolvidable.





martes, 10 de marzo de 2009

Liliput

Tengo una imagen clavada en mi memoria que refleja uno de los momentos míticos de mi infancia. Mi hermano y yo sentados en la cama boquiabiertos mientras mi padre nos contaba las aventuras de Gulliver en el país de Liliput.


Me parecía asombroso que a alguien se le hubiera ocurrido la idea de un mundo en miniatura similar al nuestro. Desde ese momento, y con toda nuestra inocencia intacta, mi hermano y yo nos dedicamos a explorar los jardines del vecindario en busca de liliputienses. O al menos, si no los encontrábamos, buscábamos un paraje ideal para ellos donde pudieran ubicar un nuevo asentamiento de su civilización.


Un hueco en las rocas los protegería de las alimañas. Un valle al lado de la fuente del parque hubiera sido un lugar muy fértil para sus cultivos. Entre las sombras de los parterres podrían haber vivido mil aventuras o, quién sabe, haber dado rienda suelta a sus pasiones.

Pero el tiempo (una vez más) pasaba, y nos dimos cuenta de que estos personajes no aparecerían nunca. Así que olvidamos la búsqueda de aquella civilización perdida y crecimos.

Afortunadamente, hay gente más tenaz que mi hermano y yo, y todavía guarda esperanzas de encontrar a los liliputienses.



Es el caso de Slinkachu, un artista inglés que construye escenas urbanas con figuras en miniatura (5 milímetros) pintadas a mano y que luego fotografía.


Dear son










Last kiss

(me enamoré de esta)

Sigue habiendo gente con sueños.

viernes, 6 de marzo de 2009

Que la vida no iba en serio

Recuerdo, cuando hace unos años estudiaba en clase de Literatura los poemas de Jaime Gil de Biedma, y cómo uno llamó especialmente mi atención. Se llamaba Ya no volveré a ser joven, y hablaba del paso rápido del tiempo, de la brevedad de la vida.
Es curioso cómo últimamente he pensado tanto en esta idea. Me da la impresión de que cada vez el tiempo corre más deprisa, que tengo tantas cosas que hacer que no me dará tiempo.

Un amigo, no hace mucho, me dijo que nunca somos lo suficientemente viejos, siempre nos quedarán cosas por hacer, ciudades que visitar, culturas que conocer. Y eso me hizo pensar aún más en este tópico latino: Tempus fugit.

Sed fugit interea, fugit inreparabile tempus

Virgilio, Geórgicas III, 284

Hace unas dos o tres semanas entré en la estación de metro de Ciudad Universitaria para volver a casa, y, cosas del destino, mientras iba embelesada en mis pensamientos y mirando al infinito me fijé en que, en lo alto de una de las paredes de la estación, estaba escrito un fragmento del poema que antes mencionaba.

No se si fue la emoción de recordar viejos tiempos, o de creer que siempre hay una señal para que sigamos adelante esperando ser vista, pero algo hizo "click" en mi cabeza, y, durante todo el camino de vuelta a casa, fui dándole vueltas a la idea de encontrar un lugar donde guardar todas esas señales, curiosidades, retales de la vida para que no sean olvidados.

Y es así como ha nacido este blog, gracias a un recuerdo o, posiblemente, a una grata ilusión.



NO VOLVERÉ A SER JOVEN


Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.